Hoy hemos pasado una tarde perfecta, a saber: 6 chicas solas en casa, más la presencia espiritual de Carla -qué yu-yu-. Hemos comido una riquísima lasagna (lo de riquísma os lo aseguro yo, que he sido la que la ha preparado) y una ensalada de canónigos, fresas y mozzarella, que no tiene nada que envidiar a las de Arzak.
Después de comer hemos dejado a 4 zánganas en el sofá viendo una peli -original, por supuesto, que nosotras no sabemos lo que es piratear, no vaya a ser que nos lea alguien del Ministerio de Cultura y le de por cerrarnos el blog- y Cristina y yo nos hemos dedicado a preparar el postre (sí, Elena nos ha dejado en la estacada).
Pero vamos a lo importante, que la rehab puede esperar hasta después de enseñaros nuestra Tarta de tres chocolates:
- 150 gr de cada uno de los tres chocolates conocidos por el hombre, esto es, blanco, con leche y negro.
- 150 gr de azúcar.
- 750 ml de nata.
- 750 ml de leche.
- 3 sobres de cuajada.
- 1 paquete de galletas María.
- 60 gr de mantequilla.
Preparación:
Primero hay que hacer la base con las galletas María picadas y la mantequilla. Nosotras, que somos así de listas, hemos hecho el doble, por si las moscas y porque nos encantan las galletas. Colocas la masa en el molde y cubres bien el fondo. Guárdalo en el frigo hasta que lo necesites.
Ahora preparas las capas en el orden que más te guste, nosotras lo hemos hecho de más oscuro a más claro, pero en la siguiente (porque haremos otra versión) a lo mejor cambiamos. Todas las capas se hacen igual: cada una lleva 250 ml de nata, 250 ml de leche, 50 gr de azúcar, un sobre de cuajada y 150 gr del chocolate en cuestión, así que ten los ingredientes separaditos, que es más cómodo. Por un lado, coges un poco de los 250 ml de leche y disuelves el sobre de cuajada y reservas. Por otro lado, viertes en un cazo el resto de los ingredientes (250 ml de nata, 50 gr de azúcar, 150 gr de chocolate y lo el resto de la leche) y lo pones al fuego sin dejar de remover. Cuando hierva, le echas la leche con cuajada que habíamos reservado y esperas a que hierva otra vez sin dejar de remover. Cuando haya hervido, lo retiras del fuego y lo viertes en el molde. Repite esta operación con cada clase de chocolate.
Como siempre, hemos pasado una tarde estupenda, aunque nos estamos replanteando la presencia de "tía Pili" para próximas citas: es la que más coñazo da. Pero eso ya lo sabía desde hace un tiempo.
Añadir que la tarta se ha desmoronado un poco al sacarla del molde porque no se había enfriado lo suficiente, pero después de pasar toda la noche en el frigorífico estaba perfecta.
Venga, no hagamos rabiar a Elena. Aclaremos que su aportación ha sido inestimable: si no hubiese sido por ella se habrían quemado los brownies. Además, una vez se ha levantado del sofá, ha servido de enlace entre las zánganas y las cocineras: las comunicaciones son muy importantes. ¡Ah! También ha bajado dos veces al súper (es rapidísima: vista y no vista).
Venga, no hagamos rabiar a Elena. Aclaremos que su aportación ha sido inestimable: si no hubiese sido por ella se habrían quemado los brownies. Además, una vez se ha levantado del sofá, ha servido de enlace entre las zánganas y las cocineras: las comunicaciones son muy importantes. ¡Ah! También ha bajado dos veces al súper (es rapidísima: vista y no vista).
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